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Los procedimientos que utilizan el calor

La gama de los procedimientos que utilizan el calor comprende:

a) La maceración, extracción en frío, a temperatura ambiente, cuando trabajamos con plantas. En general, es un proceso de disolución que se efectúa con la ayuda de un solvente, que puede ser agua, alcohol, éter, o una mezcla hidro-alcohólica. Hay que distinguir las verdaderas soluciones de las emulsiones. En una solución las sales se disocian en sus electrolitos. Las cualidades iniciales de forma y cohesión desaparecen para dar lugar a nuevas propiedades, tales como el gusto y la actividad química. Este proceso consume calor, en lugar de desprenderlo, como ocurre con la cristalización. En una emulsión, se mantienen en lo esencial sus cualidades originales, ya que es una mezcla de substancias que se mantienen recíprocamente en equilibrio. En el organismo humano, un ejemplo de verdadera solución sería el líquido cefalo-raquídeo, claro como el cristal y exento de albúminas. La mayoría de los otros líquidos orgánicos son emulsiones: la sangre, la linfa, la leche materna. Como lo destaca Rudolf Steiner, los macerados actúan hasta la periferia del polo neuro-sensorial, en la misma categoría que las verduras que ingerimos como alimentos. De esta forma se puede asociar con la primera fase de la masticación, cuando el organismo debe responder para asimilar una substancia que no ha sido sometida a ningún tratamiento térmico.

b) La digestión, calentamiento a 37ºC durante 1 hora. Se corresponde con la primera fase del proceso digestivo, tanto por la temperatura como por el tiempo. La digestio (6) son preparados que desarrollan sus efectos en el campo rítmico de todos los sistemas orgánicos, por ejemplo, en el sistema circulatorio (Onopordon/ Prímula Cp, Convallaria, Crataegus), o a nivel intestinal, o en procesos polares de contracción y relajación que se alternan de forma rítmica (Salix/ Aspidium Cp). 

c) La infusión a unos 90ºC. Etimológicamente significa “verter sobre”, y ocupa un lugar intermedio entre la maceración y la decocción. Mientras que en la maceración se disuelven más bien las sales, en la decocción se aíslan las substancias volátiles “sulfúricas”. En la infusión, prácticamente idéntica a la preparación de un té, la composición de la substancia es sencillamente abierta para destacar el perfume y sabor de los constituyentes  aromáticos “sulfúreos”. El agua hirviente se enfría al caer sobre el producto que se infunde y permite una combinación inestable de variados componentes aromáticos y salinos. Por este motivo la infusión no sólo posee su acción específica, sino que además ayuda a armonizar las funciones desarrolladas por los elementos constitutivos humanos.

d) La decocción a unos 100ºC, somete a los vegetales a ebullición durante media hora,  en refrigerante con reflujo, se emplea sobre todo para las partes duras de la raíz, así como para la corteza de los árboles. Durante el proceso, el elemento líquido se une al elemento gaseoso. El gusto áspero, amargo y salado de la decocción indica qué substancias hemos extraído (principalmente taninos,. amargos y sales). Desaparece todo aroma floral. Los preparados a base de decocciones estimulan el metabolismo de descomposición y eliminación humano. En el polo opuesto, la consciencia recupera su claridad, lo que debemos precisamente a los procesos de deconstrucción del sistema neuro-sensorial.

e) La torrefacción desde 170 hasta 200ºC. Es un proceso por vía seca, que se puede considerar como una “decocción con aire caliente”, realizada en un recipiente cerrado. Al igual que en la infusión, la estructura de la planta no se separa en substancias aromáticas “sulfúreas” por una parte y “salinas” por otra, sino que sólo se abre. A nivel humano, los productos torrefactos estimulan la secreción de los jugos digestivos. Preparaciones típicas son la Spongia tosta y el Equisetum sulfuratum tostum.

f) La destilación, en general consiste en separar y aislar completamente los constituyentes volátiles, sobre todo los aceites esenciales, de la combinación de substancias de la planta. Este proceso de destilación, en el cual las substancias volatilizadas por el calor, son posteriormente condensadas mediante enfriamiento, se utiliza en WELEDA  tanto para metales como para substancias vegetales. En el caso de los metales se destila a temperaturas muy elevadas y disminuyendo la presión del recipiente, para llevarlos del estado sólido al gaseoso. En enfriamiento condensa estos vapores formando los llamados “espejos metálicos”. Los destilados de plantas aromáticas estimulan el metabolismo y la circulación sanguínea. Un efecto similar se observa con los aceites esenciales que sirven para los productos de cuidado corporal.

 g) La carbonización a unos 220ºC, es similar al proceso de fabricación de carbón de leña. Se apila la madera y se cubre a continuación con tierra para dejar pasar una pequeña cantidad de aire. En estas condiciones, la combustión ocurre sin presencia de llamas, es una combustión apagada. Lentamente todo líquido se evapora, las resinas se consumen y én los restos carbonizados aún se puede reconocer las vetas del tipo de madera utilizado. Este proceso se utiliza de forma modificada por WELEDA para producir los “carbo”. La carbonización no ocurre en  el organismo humano, pero existe un proceso que se puede comparar con la desecación previa a la carbonización. Al contrario del proceso natural irreversible, el proceso humano es reversible y consume una gran cantidad de oxígeno: se trata del proceso RENAL. La orina primaria se extrae de la sangre mediante los glomérulos en el cortex renal. Para la sangre, esto equivale a una desecación -principio de carbonización- que a continuación se compensa con la reabsorción de líquidos en la médula renal. Por esta razón los preparados a base de carbo convienen particularmente a los tratamientos de trastornos funcionales renales. Estos preparados dan testimonio de su “sed de aire” cuando se utilizan para trastornos relacionados con el organismo “aire”, tales como meteorismos, fermentaciones dispépticas, etc.

h) La incineración a más de 500ºC. Es la última etapa de los procesos de calor utilizados en farmacia. Como tal, no existe en la naturaleza. Rudolf Steiner considera que ese proceso artificial está emparentado con el proceso respiratorio humano en el sentido del antiguo adagio alquímico: Ubi natura desinit, ibi ars incipit.

La ceniza no se debe producir a partir del carbón. Es necesario quemar directamente la planta y reducirla a cenizas a una temperatura entre 500 y 1000ºC. Toda la energía es liberada, y sólo quedan los compuestos minerales. El ser humano es portador de metabolismos de construcción y de mantenimiento, así como de un metabolismo energético. La substancia física del cuerpo se consume hasta sus constituyentes residuales, ácido carbónico y agua, que serán posteriormente eliminados mediante la respiración, los riñones y la piel. Por este motivo se suele hablar, sin diferenciarlos realmente, de procesos de combustión humanos. Una combustión incompleta implica trastornos respiratorios, que eventualmente se pueden tratar con preparados a base de cenizas, cinis, vegetales. La utilización de plantas incineradas, como la Cinis Urticae, C. Teucrii, etc. es novedosa en la terapéutica y no se debe confundir con las antiguas salia (sales) obtenidas mediante incineración (Sal Absinthii, Sal Rutae, etc.). Que eran así designadas en razón de las sales solubles presentes en la ceniza. Esto es lo que se encuentra en los preparados espagíricos.

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