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El sueño del bebé

Cada niño duerme de manera diferente

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Hay pocos temas tan importantes para los padres como el sueño de su hijo: el ritmo del sueño del bebé influye de manera esencial en su desarrollo, pero también es importante el ritmo del sueño de los padres que ahora se ve alterado de repente.

Lo bebés no necesitan aprender a dormir

Leemos y oímos una y otra vez que los bebés tienen que aprender a dormir correctamente. Pero no es cierto, no tienen que aprender porque ya saben hacerlo: ya dormían dentro de la tripa de mamá y ahora duermen espontáneamente cuando están cansados. Solo que tu propio ritmo de sueño es diferente y durante los próximos años la gran tarea del bebé será adaptar su ritmo de sueño al de los adultos. Pero esa es una evolución que no se puede aprender. Como padres sólo podemos acompañar y respaldar a nuestro hijo creando las condiciones adecuadas para ello.

Cada niño duerme de manera diferente

La necesidad de sueño de los niños es muy diferente desde el primer momento: la cantidad promedio de sueño diario de los recién nacidos es de 14,5 horas. Durante el primer año de vida los sueñecitos repartidos a lo largo del día van formando pequeños islotes de sueño hasta que finalmente el pequeño duerme por la noche y echa una siesta al mediodía. El tiempo que perdura este ritmo de sueño depende de cada niño.

"Decimos que un bebé duerme de un tirón cuando lo hace durante 3 o 4 horas y, después de despertarse brevemente sin llorar, sigue durmiendo otras 3 o 4 horas. Muchos niños no duermen de un tirón hasta los 18 meses. El desarrollo regular y ordenado de la jornada siguiendo siempre los mismos ritmos ayuda al niño a encontrar un ritmo regular para dormir."

Condiciones importantes para el sueño del bebé

En principio el bebé sólo duerme cuando está realmente cansado. No hay nada más agotador para todos los implicados que unos padres que tratan desesperadamente de dormir a un niño que no está cansado. El cansancio no suele responder a un horario sino que depende de cómo se viva cada jornada, por eso los niños se cansan unas veces antes que otras, igual que los adultos. Pero existen otras condiciones importantes para el sueño del bebé. El sueño es una fase de tranquilidad y relajación, por eso es importante que el niño pueda reposar en una atmósfera agradable. Un factor desfavorable es la presencia de muchos juguetes y móviles que atrapan la atención del pequeño y le incitan a seguir observando e interactuando. Estos son factores que favorecen el sueño:

  • Un ambiente pobre en estímulos. No hacen falta móviles colgantes que inciten a seguirlos con la mirada o a interactuar con ellos.
  • Cobijo y seguridad. Se puede lograr, por ejemplo, mediante colores cálidos. Para ello se puede colocar un “cielo de cama” de color rojo vino alrededor de la cuna. El bebé ya conoce esos colores del útero de su madre.

Tener próxima a la persona de referencia durante el sueño da seguridad al bebé. Además, sólo es posible dormir bien si no se tiene hambre, y eso se soluciona más fácilmente si la madre o el padre están al lado.

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Apoyo en lugar de programa de sueño

A los adultos no les resulta fácil acostumbrarse al ritmo de sueño del bebé. Si la madre y el niño duermen cerca uno del otro el ritmo de sueño de la madre se adapta espontáneamente al del niño y ya no se despierta sobresaltada del sueño profundo en cuanto el pequeño la reclama. De todos modos, las interrupciones del sueño nocturno pueden ser muy molestas. Así que es importante buscar apoyo, por ejemplo:

  • Repartirse las noches con la pareja
  • Dormir durante el día mientras la pareja se ocupa del bebé
  • Echar una cabezadita con el bebé

Dormir es una necesidad básica y como padres tenemos que cuidar de nosotros mismos para poder vivir la paternidad de forma relajada. Pero los programas para aprender a dormir no son una ayuda adecuada para el desarrollo infantil, con ellos el niño aprende a dormirse por resignación puesto que no obtiene reacción alguna cuando manifiesta sus necesidades. Es cierto que al final se duerme más fácilmente pero este sistema puede tener consecuencias a largo plazo que repercuten en el vínculo con los padres, en su salud y en su desarrollo. Por eso apoyar al niño es mejor ayuda para dormir que un programa de sueño.