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Volver la vista atrás y recordar la propia infancia

Reflexionar sobre la propia infancia

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Tu bebé se ha convertido en un niño pequeño que amplía su campo de acción y quiere vivir sus propias experiencias. Probablemente eso haga que cada vez tengas que decir “no” con más frecuencia y que incluso te sorprendas pensando “¡Me veo diciendo las mismas cosas que mi madre/mi padre!”

¿Cómo fue mi infancia?

No hay nada que consiga retrotraernos más hasta nuestra infancia que el ser padres: de repente muchos recuerdos despiertan en nuestra memoria. Un olor, una acción o una determinada situación nos recuerdan aquello que vivimos nosotros mismos. Algunas experiencias y pensamientos son positivos, otros lo son menos. Eso también forma parte del hecho de convertirse en padres: la confrontación con la propia infancia. Ahora tomas decisiones sobre tu vida familiar y te planteas muchas cosas. ¿Qué rituales de mi infancia quiero conservar? ¿Qué cosas nuevas quiero que pasen a formar parte de nuestra tradición familiar? ¿Qué valores son importantes para mí? También es conveniente intercambiar impresiones sobre la infancia con la pareja para poder detectar los aspectos comunes y las diferencias y en qué aspectos se puede trabajar de forma conjunta.

Cuando la propia infancia no ha sido fácil

Muchos padres tienen bellos recuerdos de su niñez, pero a veces se ciernen sombras sobre esa etapa. Palabras duras, violencia física, esos también pueden ser recuerdos de infancia que afloran de golpe. Algunos padres se dan cuenta de que en los momentos conflictivos actúan de forma totalmente diferente de cómo se habían propuesto hacerlo: gritan o sienten el impulso de pegar a sus hijos. Son patrones de conducta que hemos experimentado en nuestra niñez, “estrategias de solución de problemas” aprendidas erróneamente a las que recurrimos de forma automática en situaciones difíciles. No debemos avergonzarnos por ello porque no somos culpables de las acciones de nuestros padres. Pero si vemos que esas experiencias dificultan la vida cotidiana necesitamos ayuda. Existen cursillos y programas de asesoramiento e incluso ofertas terapéuticas para trabajar los propios traumas de la infancia.

"Aprovecha este momento para volver la vista atrás hacia tu propia infancia y, si fuera necesario, hacer las paces con el pasado. Ahora tienes una escala de valores o unas posibilidades diferentes de las que tenían tus padres entonces."

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Ser padres antes – ser padres ahora

La vida ha cambiado como resultado de la moderna tecnología, el aumento de las opciones para elegir, un mayor bienestar o más posibilidades laborales. También existen otros planteamientos educativos y modelos de familia. Y eso es algo que los abuelos a veces sienten como un ataque, sobre todo cuando ven que sus hijos quieren vivir de forma totalmente a diferente a como ellos lo hicieron antes, cuando se dan cuenta de que tienen otros rituales y otras escalas de valores. En este sentido es importante intercambiar impresiones de forma apreciativa: los abuelos también necesitan tiempo para asumir su nueva tarea y adaptarse. El objetivo es transmitirles que “hago las cosas de otra manera, pero eso no significa que antes todo estuviera mal hecho. Hoy en día educamos a nuestros hijos partiendo de otros planteamientos y otras escalas de valores que son las adecuadas para nosotros y para los tiempos que corren”.