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El masaje infantil en la vida cotidiana

Masaje para niños y bebés

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Muchos padres han conseguido fomentar un amoroso contacto físico con su bebé gracias al masaje e incluso han ayudado a su pequeño a hacer la digestión masajeándole la tripita. Pero el masaje es un ritual que no conviene sólo a los bebés. Una vez que el niño ha dejado atrás la fase de gateo y de aprender a andar comienza una etapa en la que el masaje se puede integrar de nuevo en la vida cotidiana.

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Cuida y protege la delicada piel del bebé.
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masaje infantil tripita

Masaje infantil para los cinco sentidos

En torno al segundo cumpleaños de tu hijo los momentos de cuidado corporal vuelven a ser más relajados y el niño ya no está moviéndose todo el rato. Los juegos con los dedos y las rimas y canciones que acompañan el masaje enriquecen ahora el cuidado corporal. A esta edad los niños escuchan con atención los versos rítmicos y los imitan. Puedes utilizar las rimas para hacer más ameno el masaje y la aplicación de cremas. Unta los brazos con crema o aceite y, a continuación, amásalos como se amasa el pan acompañando el movimiento con las palabras adecuadas. A los niños más mayores también les encanta “hacer una pizza”: la espalda se amasa como si fuera la base, luego se extiende la “salsa de tomate” con movimientos deslizantes y finalmente se pone el resto de los ingredientes. Si el niño ya habla bien puede decir qué quiere que lleve la pizza. Los niños aún más mayores también disfrutan con el juego de adivinar por el tacto: el niño cierra los ojos, el padre o la madre le acaricia el brazo con un objeto y el pequeño tiene que adivinar de qué objeto se trata (existen muchísimas posibilidades, por ejemplo, un pañuelo de seda, el cepillo del pelo, un chal; etc).

“Sentirse a gusto en la propia piel” es importante a cualquier edad. Con el masaje podemos proporcionar bienestar a nuestro hijo y al mismo tiempo podemos enseñarle que ese bienestar existe y es importante.”

Entablar conversación a través del contacto físico

Los pequeños rituales de masaje brindan siempre una buena posibilidad de entablar conversación con el niño. Su vocabulario todavía es limitado pero la situación permite charlotear un poco. Cuanto mayor sea el niño más contribuirá el ritual del masaje a tender un puente hacia el diálogo, sobre todo si no hay muchas ocasiones de conversar en medio del ajetreo cotidiano. Es bueno incorporar el masaje como ritual en el día a día. Quizá por la noche, después de limpiarse los dientes, o por la tarde, al volver a casa después de la guardería, entonces se puede hablar de cómo ha sido la jornada mientras se hacen unas caricias. Las hormonas que segrega el organismo como resultado de ese contacto corporal son buenas para el niño en muchos sentidos. Por ejemplo, la oxitocina, la “hormona del cobijo y el amor” no sólo refuerza el vínculo entre padres e hijos, sino que también tranquiliza, reduce el estrés y puede estimular la curación de las heridas, justo lo que se necesita después de pasar el día en la guardería.

Buena percepción corporal

¿Suavemente o con algo más de presión? ¿Resulta agradable así? ¿Prefieres que te masajee los brazos o las piernas? ¿Tienes cosquillas? Al dar un masaje no sólo se pueden nombrar y localizar las partes del cuerpo, sino que también existe la posibilidad de hablar sobre las sensaciones que se tienen. La sensibilidad del niño respecto a su propio cuerpo es importante y nosotros influimos en ella desde el principio y también en la imagen que tiene de sí mismo.